No quiero que en mis noches sin sueño volváis a pasar
por delante de mis ojos en extravagante procesión
pidiéndome con gestos y contorsiones que os saque a la
vida de la realidad del limbo en que vivís semejantes
a fantasmas sin consistencia.
No quiero que, al romperse este arpa vieja y cascada ya,
se pierdan a la vez que el instrumento las ignoradas
notas que contenía.
Deseo ocuparme un poco de mundo que me rodea pudiendo,
una vez vacío, apartar los ojos de este otro mundo que
llevo dentro dela cabeza.
El sentido común que es la barrera de los sueños comienza
a flaquear y las gentes de diversos campos
se mezclan y confunden.
Me cuesta trabajo saber qué cosas he soñado y
cuáles me han sucedido: mis afectos se reparten entre fantasmas
de la imaginación y personajes reales;
mi memoria clasifica revueltos nombres y fechas de mujeres y días
que han muerto o han pasado con los de días y mujeres
que no han existido sino en mi mente.
Preciso es acabar arrojándoos de la cabeza de una vez para siempre.
Si morir es dormir, quiero dormir en paz en la noche
de la Muerte sin que vengáis a ser mi pesadilla maldiciéndome
por haberos condenado a la nada antes de haber nacido.
Id pues al mundo a cuyo contacto fuisteis engendrados y
quedad en él como el eco que encontraron en un alma que
pasó por la tierra, sus alegrías y sus dolores,
sus esperanzas y sus luchas.
Becquer
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