Wednesday, June 22, 2011

El relevo

Le llamaron, y fue.

En la primera puerta le detuvo un guardián.
Era mudo y ciego. Y en vano le dijo
de dónde venia. Le mató; siguió
porque era el llamado.

En la segunda puerta no había guardián
que la defendiera o que se la abriera,
y empezó a dudar, casi, casi a pensar.
Pero le esperaban.

En la tercera no habia tampoco
nadie para guiarle o bien darle cuerpo.
Se sintió un fantasma. Le gano el espanto.
Seguir era obligado.

Ante la cuarta puerta le dieron refrescos
con exagerados gestos de respeto.
Mas todo en silencio. Y en vano gritó.
Su voz no sonaba.

En el quinto umbral habia tres puertas.
Escogió la izquierda, por suerte, la justa.
La luz le cegó. No vio adónde iba.
Pero caminaba.

En la sexta puerta, nuevas reverencias.
El guardián le dio una llave grande.
No era la de la puerta, pero le abrieron ésta.
Se sintió esperado.

En la séptima puerta no utilizó la llave
porque se la encontro de par en par abierta
a una sala grande rodeada de espejos.
Había llegado.

En el trono central estaba sentado
el Alto que sin duda le habia llamado.
Se acercó a mirarle, y aunque casi ciego
vio que estaba muerto.

Entonces vinieron bruscamente a apresarle.
Porque aquel hombre muerto era el asesinado
por él en el umbral de la primera puerta.
y fue condenado.

Le quitaron la llave que le habian dado.
Era la de la celda donde le encerraron
mientras se iba quedando mudo y ciego del todo,
y asi purificado.

Le nombraron guardián de la primera puerta
para que le matara el proximo llamado.

Y entonces comprendio que el aparante absurdo estaba calculado.


Itinerario poético. Gabriel Celaya

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